MAÑANA NO TE LA PIERDAS:LA GRAN CONVOCATORIA

Mañana a partir de las 10 horas estaran abiertas las puertas del megaestadio,

comprometieron su presencia varios dirigentes ,entre ellos el presidente de chaca Tito Celio.

a las 11 habra un homenaje a Ricardo Jubatti(h).

mas tarde choriceada,futbol.sorteos y la presencia de todos uds.

queremos agradecer a la c.d y a la empresa Shap que nos dejo hacer esta ultima convocatoria,el lunes 4 la obra se acelerara y hasta fines de febrero

no se podra hacer convocatoria en el lugar de siempre.

Por eso mañana no podes faltar.

Subcomision de estadio

SE VIENE EL NOMBRE DE LA PLATEA:UN CANDIDATO ERNESTO EMILIO DUCCHINI

Ernesto Duchini (Buenos Aires, 10 de noviembre de 1910 – íd. 19 de marzo de 2006) fue un futbolista y entrenador argentino.

Nació en Barrio Norte pero a los ocho años se mudó al barrio de Chacarita. A los 10 años se hizo hincha de River Plate. A los 12 comenzó a jugar en las inferiores de Pequeño Alumni y a los 15 llegó a Chacarita Juniors, donde debutó en Primera en 1928. Duchini jugó hasta su retiro 145 partidos y marcó 5 goles.

Continuó jugando en dicho equipo hasta su retiro, en 1938. Luego, se inició su carrera como entrenador, debutando con Chacarita Jrs. en 1939 y desde 1943 dirigiendo las inferiores de River Plate, San Lorenzo y Racing.

En 1954 fue designado como entrenador de las divisiones juveniles de la selección nacional, donde obtuvo un Preolímpico (1964) y ganó dos Juegos Panamericanos (1955 y 1959). Conservó dicho cargo por veinte años hasta 1974.

En 1974 fue designado asesor de las divisiones juveniles de la Selección, cargo que conservó hasta 1994. Colaboró con César Luis Menotti en la formación de los equipos que ganaron el Torneo Esperanzas de Toulón de 1975 y el Mundial Juvenil de Japón 1979.

Falleció el 19 de marzo de 2006, a los 95 años, en el Hospital Pirovano de Buenos Aires, sus restos fueron velados en la sede de Chacarita Juniors.[1]

El 20 de enero de 2007 inauguraron en Costa Bonita, Necochea, un campo deportivo que lleva su nombre en su honor.[2

ADIOS MAESTRO

Pasión. Humildad. Sacrificio. Hidalguía. Decencia. Docencia. Fueron algunas de la virtudes que en vida lo convirtieron en un verdadero MAESTRO. Así, con mayúsculas. Porque más allá de haber sido el mejor descubridor de talentos de la historia del fútbol argentino, Ernesto Duchini fue un ejemplo de vida y corrección. Un referente para muchas generaciones. Y ese, tal vez, sea su mejor legado. Tenía 95 años y su vida se apagó ayer, en el hospital Pirovano. Cuatro meses antes, María Brodsky, su compañera de toda la vida, también se había ido. Demasiada pena, demasiado dolor para tanta ausencia. La misma que ahora sentirán los que aprendieron de sus sanos y sabios consejos. Desde ayer a la tarde era velado en la sede del club Chacarita y esta mañana recibía sepultura en el cementerio del barrio.

Roberto Perfumo, Carlos García Cambón, Oscar Más, Rubén Ayala, Oscar Ortiz, Jorge Olguín, Rodolfo Fischer, Juan Carlos Puntorero, Raúl Savoy y Carlos Ischia y una enorme lista de figuras fueron modeladas por Duchini. Además, durante 10 años (1954-1974) estuvo a cargo de las divisiones juveniles de la Selección (ganó tres Panamericanos y un Preolímpico). Y durante otros 20 (1974-94) fue asesor de los mismos. Su última tarea oficial fue la de colaborar con Menotti en la formación de del plantel que luego ganaría el Mundial Juvenil de Tokio 79. Estos fueron algunos logros en su carrera como entrenador, que se inició en Chacarita en 1939 y en las inferiores del club en 1943. Sus otros tres clubes fueron River, San Lorenzo y Racing.

Duchini había nacido el 10 de noviembre de 1910 en pleno Barrio Norte, en Charcas y Pueyrredón. Pero a los ocho años ya vivía en Chacarita. El fútbol estuvo ligado desde entonces su vida. A los 10 años, en la Dársena Sur, vio jugar a River campeón de la Asociación Amateur: “Mi padre me transmitió su amor por River. Las tribunas eran pequeñas, obviamente de maderas, y no iba mucha gente a la cancha”, contó en uno de los tantos reportajes que le hicieron. Su primer club fue Pequeño Alumni, que estaba en Concepción Arenal y Triunvirato. Y a los 15 años llegó a Chacarita y debutó en Primera en 1928, en el amateurismo, en un partido frente a Sportivo Buenos Aires. Jugaba de half derecho (lateral derecho) y le tocó enfrentar nada menos que Carlos Peucelle, otra gloria del fútbol argentino. Jugó, hasta 1938, 145 partidos y marcó 5 goles. Hace cinco años, Clarín lo reunió junto a Francisco Varallo para recordar los 70 años del inicio del fútbol profesional. Y Pancho lo definió como jugador: “No le pegaba a nadie. Jugaba demasiado bien al fútbol, como para preocuparse en golpear. Daba gusto verlo en la cancha con esa elegancia y esa pinta bárbara”.

Cuando le preguntaban cuántos jugadores había descubierto, él no se adjudicaba pergaminos: “Nadie, absolutamente nadie, puede acreditarse el descubrimiento de un jugador. Los que tienen talento nacen y andan por ahí. Lo que pasa es que muchas veces uno los ve o se lo marcan y lo único que hace es ficharlo para su club. Otras, es producto de la casualidad. Puedo citar tres que llegaron a ser figuras importantes en el fútbol argentino, a los que vi de manera casual”. Esos tres jugadores eran Perfumo, Más y García Cambón.

Cuando hablaba de su pasión, de las divisiones inferiores, Duchini destacaba: “Tenemos algo que es fundamental: material humano. Se necesitan dirigentes capaces, técnicos con vocación y un cuerpo médico idóneo para que cuide a los jóvenes en la edad que más lo necesitan. Me interesa insistir en un aspecto: en nuestro país para que sigan surgiendo jugadores, lo único que necesita un club son 50 pelotas, camisetas, pantalones, medias y zapatillas”. Y decía de los chicos: “Hay que saber hablarles. Algunos técnicos acostumbran a hablar con el que anda bien cuando, en realidad, el que necesita que le hablen es el que anda mal. Seguro que precisa un consejo, un apoyo”.

Para Duchini la profesión tenía una gran satisfacción. “Lo que más me reconforta es el agradecimiento de los que llegan. Me encariño con ellos y después tienen que dejarme porque suben, pero cuando están arriba y se acuerdan de lo que pasaron es mi mayor satisfacción. Muchas veces pensé en dejar, pero los chicos me obligan a seguir. Lo hago por ellos…”

Decía, también, que su maestro había sido Renato Cesarini, “Para nosotros, los que lo conocimos y lo tratamos, fue la Biblia”. Ayer, se fue otro profeta del fútbol.

PUBLICADO POR EL DIARIO CLARIN LA DIA SIGUIENTE A SU FALLECIMIENTO EN EL AÑO 2006