A DIEZ AÑOS DE UN HITO, CHACA TUVO EN JAQUE A BOCA CAMPEON DEL MUNDO POR DOS HORAS

Chacarita puso a Boca nocaut por más de dos horas

HORACIO PAGANI
Fue, como si de pronto, el eufórico Boca, campeón Intercontinental, candidato firme al título desde hacía varias semanas, el que parecía haber vencido al cansancio y al sueño invertido después de la epopeya de Tokio con un triunfo clamoroso ante San Lorenzo, el Boca del astuto Carlos Bianchi, de Riquelme, de Palermo, de Serna, se hubiera quedado vacío. Vacío de fuerzas y vacío de ilusiones. Ya había recibido el primer cachetazo del torneo cuatro días antes, en la cancha de Independiente, con los primeros síntomas del desgaste psicológico posterior a la gran conquista. Y había pagado el costoso precio de lesiones y expulsiones. Pero le quedaba todavía un margen de protección en el puntaje. Que no era determinante (dos puntos de ventaja desaparecen con el simple tropiezo de un empate) pero que le permitía depender de sus propias posibilidades. Y se le sumó, además, una supuesta ventaja deportiva con el cambio de escenario para este partido contra Chacarita. Porque una cosa es pensar el efecto-Vélez y otra, la inquietud-San Martín.

Osvaldo Sosa, el entrenador de Chacarita, planteó entonces el encuentro como si además de respetar los valores de Boca, también hubiera tenido en cuenta la eventualidad de un ambiente adverso. Porque formó una retaguardia con líbero (Gamboa) y cuatro defensores atentos. Uno de ellos (Arce), preparado para seguir a Delgado, otro (Caballero) para disputarle a Palermo todas las pelotas aéreas. Y, además, un volante (Rosada) para controlar de cerca de Riquelme. Parecía clara la intención: cerrar los caminos, esperar con mucha gente y apostar a la velocidad de Daniel Fernández y al olfato de Carrario en los contraataques. La obligación de la búsqueda correría, claro, por cuenta de Boca.

Pero el imprevisible juego del fútbol contempla ciertos aspectos puntuales —tradicionales, empíricos, ¿esotéricos?— que marcan a fuego las tendencias. Cuando a un equipo le va bien, gana hasta cuando no debe. Y así fue como se registró la célebre frase “tiene la suerte del campeón”. Pero cuando viene la mala, la desgracia suele llegar acompañada. Y en Boca lo pueden decir muy bien. Román Riquelme, el estratega clave, llegó a jugar este partido, por propia decisión, con la mitad de sus aptitudes físicas. Y la otra gran estrella, Martín Palermo, el goleador, —golpeado en un tobillo, golpeado en una rodilla, maltrecho, fastidiado, —terminó el primer tiempo al borde de la sustitución. Mientras, Sebastián Battaglia, el juvenil que se había ganado la titularidad, dejó su puesto vacante para que Carlos Bianchi volviera a probar al resistido José Pereda.

Fue así como la urgencia de un Boca monocorde y repetido —sólo salvada por el buen momento de Marcelo Delgado y la prodigalidad de Mauricio Serna— tropezó en la primera etapa con el orden defensivo de Chacarita. Y con su propia impotencia. Caballero le ganaba siempre al estático Palermo. Gamboa barría y anticipaba con puntualidad. Riquelme no lucía el brillo de otras tardes, Pereda transportaba, Ibarra transportaba. Y de tanto en tanto aparecían Carrario o Fernández encendiendo la alarma en el área de Córdoba.

Pero como las desgracias no vienen solas, a los 40 segundos del complemento Carrario aprovechó una vacilación defensiva, tras un corner de Fernández que cabeceó Caballero, y estableció el 1-0 con un disparo desde tres metros. Esa era una alternativa posible. Pero cinco minutos después llegó el golpe de gracia. Daniel Fernández le quitó la pelota a Delgado. Este reclamó infracción y —aparentemente— lo insultó al juez de línea Ernesto Taibi. El árbitro Brazenas ordenó su expulsión. Delgado, el mejor de Boca, dejaba a su equipo con uno menos —por una tontera—, derrotado y a casi 40 minutos del final. Para completar el cuadro, una equivocación de Marchant produjo una duda de Serna y Moreno clavó un zurdazo espectacular. Dos a cero. Toda la fiesta era de Chacarita.

Fue el orgullo de Jorge Bermúdez el que encendió una tenue luz para la anonadada multitud boquense. Pero no sirvieron las variantes al todo o nada. Ni Adrián Guillermo, ni el grandote debutante Julio Alcorsé. Ni la desprolija apuesta a los cabezazos. Boca parecía fundido psicológica y físicamente. Por eso estuvo más cerca Chacarita de aumentar. Se perdió uno Lobo, salvó uno increíble Bermúdez, de cabeza, en el piso. No sólo era derrota. Se derrumbaba la ilusión del título.

Una ley del fútbol dice que las alegrías naufragan en la derrota siguiente. Pocos se acordaban de la proeza de Tokio. Y Boca se fue hundido en su decepción. Pero otra ley explica que los partidos “hay que jugarlos”. Y faltaba la victoria de River sobre Huracán para confirmar la pérdida de la punta. Dos horas después se supo que River no ganó. Que la punta seguía vigente. Y que una victoria ante Estudiantes, el próximo domingo, garantizará la vuelta olímpica. Porque las tristezas sucumben ante cualquier ilusión. Y porque los corazones futboleros siempre resisten.

YA VIAJO EL EQUIPO

Nicolás Tauber (capitán); Damián Toledo, Leonardo Sánchez, Williams Martínez y Pablo Aguilar; Luis Gonzalo Bustamante, Claudio Cevasco, Fabián Santana y José Ezequiel D’Ángelo; Miguel Ángel Alba y Mauro Villegas.

INFORMO DIEGO BOLOGNA

VERGARA SE QUEDO EN BS AS.