Daniel Mancini despidio a nuestro amigo German Re

Quizá fue tu estirpe gringa y chacarera, la misma que convirtió al silencio en un himno o, pensando con cierta agudeza, también puede haber sido el afecto que le tenés a la paciencia. A ver, fuiste paciente al esperar a cualquier rival de frente y llevarlo al rincón de la cancha más conveniente para resolver una urgencia, y lo has sido para aguantar el dolor de esa adversidad que nos persigue, nos define y, como pudiste comprobarlo, a veces nos alimenta.
Si la exigencia de perderte apuntara a detallar de forma sesuda tus cualidades de jugador, cualquiera de los que nos vinculamos con vos en estos años cometeríamos una torpeza irreparable. Ni un gesto deportivo, ni un rasgo de ese central avezado, ni un triunfo ni menos alguna derrota, pueden alcanzar siquiera los pies de tu calidad de tipo, de tu generosidad, acaso de esa dignidad que nos hizo mejores.
Pido disculpas por la infidencia, pero por qué desconocer que los utileros sintieron la necesidad de tributarte, como lo hicieron tus compañeros, tus entrenadores y nosotros, los que giramos detrás del club cada día. O vos creés por un segundo que no sabemos lo que sucedió el último día de entrenamiento, cuando te despediste de cada uno de los que estaban en la UTA, les agradeciste (¡vaya paradoja!) y, ahogado, ciertamente herido, nos diste otra clase de dignidad, porque tus lágrimas nos avisaron lo que conocíamos por demás, Germán: tu sentimiento granítico por Chacarita.
Mirá, ahora, después de un breve repaso de la experiencia de tratarte, me acabo de dar cuenta qué fue: no el Ascenso (sería una tontera creerlo), tampoco la caída posterior e inmediata. No, no ha sido eso, Fue tu grandeza. Eso es lo que nos ha enseñado y conmovido, la misma grandeza que nos ha guiado, y que hoy tenés para irte brevemente del club.
Yo prefiero esperarte. Por ahí en un rato hablamos, o repetimos los cientos de mensajes de whatsapp o caminamos juntos a la salida de Olé, después de alguna entrevista sugerente. O mejor, mañana. Sí, mañana en algún entrenamiento imaginario nos volvemos a encontrar. Ahí, todos, pero te juro que todos los que somos de Chacarita, vamos a decir con orgullo de hincha (toda una sanidad) que para nosotros juega Germán Re. ¿Sabés qué sucede, Germán? De tu club, ya no te podrás ir. Sabélo, Germán. Por favor, sabélo y lo comprenderás de la misma manera que lo sentís.
Hasta mañana, Germán.

Daniel Mancini.